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La región presenta factores que afectan a la población: pobreza, desigualdad, corrupción e inseguridad. Cabe señalar que el clima de inseguridad se ve acentuado por factores externos, como la influencia de los medios de comunicación.

Por Alfredo A. Rodríguez Gómez

 

La región de América Latina y Caribe presenta cuatro factores que afectan de forma decisiva a la población: pobreza, desigualdad, corrupción e inseguridad. Cabe señalar que el clima de inseguridad puede verse acentuado por otros factores externos; entre otros, la influencia de los medios de comunicación.

La violencia es un problema creciente, y el escaparate en donde se ofrece en forma de imágenes y de titulares, tal vez pueda ser un factor de amplificación. Así las cosas, tal vez ha llegado el momento de plantearse la función que desempeñan los medios de comunicación en esta sensación de inseguridad, y analizar si la información en los medios contribuye a fomentar esa sensación de inseguridad que vive la Región y en la percepción que el resto del mundo tiene sobre la violencia en esta zona.

Por su parte, la base de la opinión pública tiene más de cognitivo que de racional; es consecuencia de representaciones, esquemas mentales e imágenes que simbolizan la realidad, pero generalmente son una representación parcial. Está, por tanto, sujeta a interpretaciones en función de cómo se le presente el hecho comunicativo: la noticia, la información y la opinión.

Los medios de comunicación desempeñan un importante papel en el desarrollo de las orientaciones culturales, las visiones del mundo y las creencias.

Rodríguez Díaz y Mena (2008) señalan que los medios desempeñan una función esencial en la consolidación de la opinión pública mediante el enfoque de los acontecimientos ­–Teoría del Encuadre– y de los temas que presentan, no solo en los espacios de opinión sino también en los de información.

Inseguridad y medios en Iberoamérica

Para Pastor (2016), la situación de seguridad en América Latina ha experimentado una evolución a partir de los 80 del pasado siglo. Los procesos de paz en la Región dejaron asuntos pendientes que han provocado una creciente inseguridad y violencia.

A modo de ejemplo, en el índice de 2018 se indica “México no está en un buen puesto en el ranking de paz global, situado en el puesto número 140 del ranking de paz global, puede considerarse un país peligroso. Ha mejorado su situación respecto al año anterior, ya que en 2017 estaba en el puesto 142. ha obtenido 2,583 puntos en el Índice de Paz Global (Global Peace Index) que publica el Institute for Economics and Peace, con lo que mejora su puntuación respecto al informe del año anterior, en el que obtuvo 2.646 puntos” (Índice de Paz Global, 2018).

Venezuela y Colombia, por encima de México en situación de riesgo, y Brasil, por debajo, también salen mal parados en cifras de inseguridad, que miden indicadores como –entre otros–:

  • Nivel de conflictos internos
  • Relaciones con estados limítrofes
  • Nivel de criminalidad percibida en la sociedad
  • Número de desplazados por unidad de población
  • Nivel de respeto por los derechos humanos
  • Posibilidad de actos terroristas
  • Número de homicidios
  • Nivel de criminalidad violenta
  • Probabilidad de manifestaciones violentas
  • Número de personas encarceladas
  • Inestabilidad política

 

Según estos y otros datos del índice, América Latina tiene un grave problema de inseguridad. Los enfrentamientos entre grupos de delincuentes implican innegables desafíos a la seguridad.

El Latinobarómetro de 2015 refleja que, para la opinión pública en general, el problema más importante es la delincuencia y la seguridad pública. También, la poca confianza en las instituciones policiales. El de 2017 muestra dos extremos significativos: por un lado, el retroceso de la democracia; por otro, un sostenido avance de las economías; según el informe, la cantidad de hogares que tienen dificultades para llegar a fin de mes es la más baja desde 1995; y en lo referente a inseguridad, indica que las mediciones dibujan un panorama en el que, lejos de haber solucionado los problemas de violencia, se mantienen (Latinobarómetro, 2017).

Por su parte, el Barómetro de las Américas de 2017, de LAPOP, corrobora que la percepción de inseguridad en la región aumentaba progresivamente. Este estudio hacía un análisis de las encuestas desde 2004 a 2017 y concluía que hay una tendencia clara: los ciudadanos de la región están más preocupados ahora por el crimen y la violencia de lo que estaban una década atrás.

La percepción es persistente y a ella contribuyen también las experiencias personales en las proximidades de la vivienda, el trabajo, el transporte público o los centros de estudio. De nuevo, aproximadamente un tercio de la población tiene un nivel muy alto de preocupación sobre la seguridad pública personal o de los miembros de su familia en el transporte público o sobre la de los niños en la escuela.

Cabe destacar que el estudio del LAPOP corroboraba el análisis realizado sobre los datos del Latinobarómetro en relación con la falta de confianza de los ciudadanos en las instituciones y, sobre todo, en las fuerzas de seguridad; tampoco confían en la justicia y consideran que los delitos resultan impunes en la mayoría de los casos.

 De estas referencias se desprende que la población en América Latina y Caribe tiene una gran preocupación por la seguridad y en casi todos ellos se revela como la más importante.

Los medios de comunicación y la información sobre violencia en Latinoamérica

La violencia es un mal endémico y la información periodística sobre ella cumple la función de informar al ciudadano y, además, de vender prensa, digital o audiovisual, ya que el consumo de este tipo de noticias es elevado.

Además, la influencia de los medios en los ciudadanos se produce a medio o largo plazo y tiene un doble efecto: ideológico y de establecimiento de agenda –agenda setting­–. Por otra parte, la seguridad ciudadana se ha convertido en los medios en un problema de orden público que marca una agenda muy específica. Los ciudadanos se han transformado en blanco de la inseguridad, por lo que el consumo de las noticias sobre este asunto ya no se realiza por morbo sino como consulta habitual para estar informado sobre el acontecer en el mundo delictivo, que afecta de forma directa a los latinoamericanos.

Por tanto, la influencia de la opinión y la información publicadas en la sociedad es de tal importancia que convierte en real e inamovible lo que, en algunos casos, es meramente una opinión subjetiva del informante o del medio.

Según Heguey (2008),

Todos los días leemos en la prensa, vemos en la TV y oímos en la radio cómo se tratan los secuestros, las violaciones y los asesinatos, cuyo abordaje contribuye a construir una sensación de apatía y parálisis. Sin desconocer el incremento de los mismos, resulta discutible la forma en que son tratados por la prensa (p. 52).

En el panel referenciado, la periodista Susana Oviedo reconocía que en su medio nunca habían tenido un debate sobre esa pregunta. Es decir, nunca habían analizado el modo de informar sobre seguridad e inseguridad ciudadana.

No obstante, según Browne y Tomicic (2007), se ha constatado que los niveles de temor de los ciudadanos a ser víctima de un delito no siempre están en paralelo a la verdadera ocurrencia de crímenes y hechos delictivos violentos. Por este motivo, políticos y académicos han criticado intensamente a los medios de comunicación, que parecen un factor causante del aumento del temor y el miedo de los ciudadanos.

Bonilla y Tamayo (2006, p. 145), por su parte, consideran que los contenidos de violencia invadieron la programación televisiva en la región hasta el punto de convertirse en la principal temática de preocupación de los padres de familia y de las audiencias en general.

El Consejo Nacional de Televisión de Chile lanza cada tres años una encuesta nacional sobre este medio; se trata de un buen mapa que traza las transformaciones de la industria televisiva, su consumo y socialización. El avance de 2017[1], evidencia que los chilenos piensan que la televisión “Se aprovecha del dolor humano” en un 65 por ciento de los encuestados. Sin embargo, el avance de resultados –último informe publicado– no trata sobre violencia; sin embargo, el anterior, de 2014[2], señala a la televisión abierta como una de las fuentes de violencia y sexo, anunciándolo como “contenido inadecuado”, e indica que el 17 por ciento de los encuestados opina que es un contenido inadecuado de excesiva violencia, en horarios impropios, que pueden generar más violencia.

En el recorrido de las encuestas entre 2005 y 2014 hay un detalle interesante: la violencia está presente en la mayoría de los programas, en casi todos los horarios y en prácticamente todos los géneros televisivos, incluidos los infantiles. Entre ellos, los noticieros o informativos, en los que la información sobre violencia ciudadana está presenta con imágenes y de forma continua.

Uno de los problemas es que la cobertura al delito ya no responde a la mórbida fascinación de la gente por un hecho curioso, excepcional y distante de su realidad, sino al serio temor cotidiano a ser una víctima; temor que es mayor cuando se ha sido víctima de hechos delictivos o se vive en comunidades con gran índice de delincuencia; es el concepto de resonancia que señalaba Gerbner. El mensaje de los medios tiene una dosis doble para este tipo de espectadores, lo que aumenta el efecto del cultivo.

Causa y consecuencia

Violencia e inseguridad son causa y consecuencia. Esta es una realidad que se hace evidente aún más en América Latina y Caribe. Y se hace más realidad aún en los medios de comunicación, que son agentes transmisores de la situación a la opinión pública.

En general, los ciudadanos deciden qué información es relevante en función de las noticias, y los medios de comunicación tienen el poder de establecer la agenda de lo importante en cada momento; por otra parte, la Teoría de la Aguja Hipodérmica muestra la enorme influencia de los medios de masas en la sociedad.

Las evidencias nos hacen considerar que, además de que la violencia es un fenómeno en auge en la Región, la información que se da en los medios sirve de amplificador del clima de inseguridad ciudadana y promueve la sensación de vivir en un entorno inseguro, funcionando a modo de vaso comunicante de la situación en las distintas capas sociales, pero en especial, entre las más castigadas o proclives a serlo por la delincuencia violenta. Son los medios quienes dan a conocer el mundo a la sociedad y lo que ellos publican queda arraigado en la opinión pública.

Son un instrumento importante en esa transmisión de información. En ese entorno, la suma de programas violentos y la difusión de noticias sobre violencia contribuyen a crear una percepción de vivir en un entorno proclive a la violencia.

Además, la sensación de inseguridad se adquiere o acentúa cuando se corrobora con hechos a nivel local focalizado; es decir, cuando el ciudadano comprueba que las noticias son ciertas porque, de alguna forma más o menos directa, se ha visto protagonizando o estando cenca del lugar de algún hecho violento.

Además, la influencia en esta percepción se convierte en noticia mundial, lo que contribuye a la generalización de la opinión de que Iberoamérica es una región violenta e insegura.

No se trata de responsabilizar a los medios de la existencia de una sensación de inseguridad entre los ciudadanos de la región; no al menos en exclusiva. Ellos abren las noticias con la “crónica roja”, y eso fomenta la sensación analizada, pero hay muchos otros agentes transmisores y, uno de ellos, es el “boca a oreja” de los propios ciudadanos. Unos y otros contribuyen a la sensación de inseguridad cuyo único responsable verdadero es el delincuente.

 

Bibliografía

Browne, M., & Tomicic, V. (2007). Crimen y temor: el rol de los medios. Recuperado el 8 de junio de 2018, de Cuadernos de Información, 20: http://www.accionaudiovisual.uc.cl/prontus_fcom/site/artic/20071126/pags/20071126173919.html

Heguey, S. (2008). IV Panel-Debate: Analizando el rol de los medios en la seguridad ciudadana. Experiencias y lecciones. Seguridad ciudadana y medios de comunicación (págs. 51-62). Asunción: PNUD Paraguay.

Latinobarómetro. (2016). Informe Latinobarómetro 2016. Recuperado el 7 de septiembre de 2016, de Latinobarómetro: http://www.latinobarometro.org/latNewsShow.jsp

Latinobarómetro. (2017). Latinobarómetro. Buenos Aires: Cotpración Latinobarómetro.

Índice de Paz Global. (2018). Índice de Paz Global. Recuperado el junio de 2018, de Expansión: https://www.datosmacro.com/demografia/indice-paz-global/mexico

Pastor, M. L. (2016). Evolución de la seguridad en Centroamérica. El drama de las maras. En I. E. Estratégicos, América Latina: nuevos retos en seguridad y defensa. Madrid: Ministerio de Defensa.

Rodríguez Díaz, R., & Mena, N. (2008). Opinión Pública y frames: La crisis de los cayucos. Revista Latina de Comunicación Social(63), 341-347. Obtenido de http://www.revistalatinacs.org/08/28_46_Vicalvaro/Raquel_Rodriguez_y_Noemi_Mena.html

 

[1] Se puede consultar en https://www.cntv.cl/cntv/site/artic/20171012/asocfile/20171012121426/ix_encuesta_nacional_de_televisi__n_2017.pdf (recuperada el 10 de junio de 2018).

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