VOXLOCALIS #71

ACTUALIDAD

Activa colaboradora de nuestra institución representó el sentir y la voz de la familia UIM en una intervención emotiva y cargada de momentos que mucho/as identificamos como propias. Compartimos porque desde una experiencia personal, es un documento que narra parte de nuestra historia colectiva.

Amigas, amigos

Cuando recibí el mail de Lili, que como vocera de lo resuelto me invitaba a tomar la voz en esta ocasión tan especial me puse a pensar qué  tan poderoso motivo nos reúne aquí, en cuerpo y alma, además, por supuesto, del festejo propio de 25 años de labor ininterrumpida y fructífera de la casa que nos une.

Sobre esa labor, y la temática que engloba,  quiero resaltar lo vanguardista que fue, y es.  Mas de uno de nosotros se habrá encontrado, hace años,  explicando a alguien que lo miraba con cara de asombro, qué cosa era la gestion pública local,  el marco lógico!!!, el árbol de problemas, el plan estratégico, la descentralización,  y todo el abanico de preocupaciones que luego fueron ni más ni menos la agenda  de todas las ciudades, de aquí y de allá. hoy en día.

Volviendo al tema de mis reflexiones, les diré que de alguna manera  concluí que lo que aquí nos une es la celebración de a la amistad, de un amistad macedoniana, diría yo.

Ese excéntrico adjetivo trae algo de mis tierras ya que alude  a un escritor de fines del siglo xix, como ustedes saben, Macedonio Fernández, del cual dicen los que saben que sin él no hubieran  existido ni Borges, ni Piglia, ni Cortázar ni tantos otros que vinieron después.

En alusión a la personalidad de ese escritor, ha quedado el adjetivo macedoniano, como algo extremadamente generoso, incondicional, de gran desprendimiento y sobre todo, auténtico.

Esta celebración de la amistad me lleva a pensar que los amigos se eligen, se respetan, se ayudan, se prestan lealtad sin exigir confidencias y no requieren ni siquiera frecuencia diría Borges, casi podríamos decir que basta con reconocerse en cada nuevo encuentro.

Creo que en estos primeros 25 años que celebramos ese valor ha estado presente en el sustrato de todo lo que se ha construido, por eso, reitero, creo que estamos ante una verdadera celebración  de la amistad.

Es casi inevitable que en una ocasión como esta, recorra mi propia experiencia como parte de la UIM, porque ha dejado huella, y se alborotan en mi memoria muy gratos recuerdos. Y no me refiero sólo al enorme aprendizaje que significó sino a momentos que me han quedado gravados como postales de un viaje.

Una de las cosas que aprendí y disfruto ejerciendo es a ser generosa y hospitalaria con el recienllegado – yo tambien fui recienllegada. A lo que me refiero es a ser generoso y hospitalario con el recienllegado desconocido. Todos, más o menos, somos así con los que conocemos y esperamos. Lo que la casa enseña y practica  es esa especial manera de brindarse a   aquel que no conocemos, todavía.

Van aquí algunas de esas  postales de las que hablaba, y  todas tienen que ver con la buena gente que encontré en la casa o  a partir de ella.

La más antigua que tengo refiere a la primera vez que escuche a Enrique en una alocución, de bienvenida, seguramente. Recuerdo su tono sereno, cálido, firme y motivador. Y también recuerdo que en ese momento él leía a Eca de Queiroz y compartió algo de sus lecturas con nosotros, el auditorio de entonces

Cuando la biblioteca todavía funcionaba en Plaza Pineda, pequeña y abarrotada de material interesante, solíamos ir de a cincuenta a pedir fotocopias, por supuesto, al unísono y en desorden. En ese tiempo todavía dependíamos de ellas, de las fotocopias digo. Y bueno, sin embargo Eva, mi querida Eva, tenía una sonrisa para cada demandante y  sin abandonar la sonrisa, nos daba, a cada uno, las famosas fotocopias.

Cuando la casa cumplió 15 años, nuestra amiga Daisy Alvarado escribió una poesía, una poesía para la niña, como ella dijo, y nos dejó mudos.

No sé si estoy respetando el orden cronológico pero así son los recuerdos: más de una vez, al llegar a Granada levanté la vista y vi a alguien que me esperaba: Leonor, Antonio, Lili y Elías. Todo un gesto que me hizo sentir cada vez, muy especial.

Cursando el doctorado tuvimos una estancia en la Universidad Internacional de Andalucía, en Ubeda y Baeza, no sé si van siempre juntas estas dos bellas ciudades, pero ustedes me entienden: pues todavía estaría yo allí, parada al pie de la subida de piedras si no hubiera sido por la gentileza de Javier, que casi sin conocerme, subió mis valijas. Y en esa época todavía no sabía viajar ligera de equipaje.

Una inolvidable: aquella que contiene la Semana Santa pasada en Granada en compañía de Leonor. Siguiendo su tranco infatigable, no nos quedó iglesia por visitar, virgen a la cual rezar, procesión que ver,  ni evento alguno que no nos contara, siendo, hasta hoy, la vigilia en Huetor Santillán, una de las experiencias más conmovedoras que recuerdo.

Y tengo otra postal a la cual no me voy a referir, ni voy a describir porque me da cierto pudor, y no quisiera aparecer imprudente, caer en exceso de confianza o abuso de derecho , que es todo lo mismo dicho de diferentes maneras. Así que a esa postal, reitero, no me voy a referir,   y es la que contiene la galería de increíbles chaquetas que ha lucido Federico a lo largo de todos estos años.

Dejando las postales, he observado con agrado que siempre nos hemos llamado por el nombre, quiero decir sin apellidos, sin cargos, sin títulos, somos Enrique, Federico, Flavia, Rosalinda,  María José, Edna, Maribel, (Maria Campana, como le dijo una vez Fátima enojada), Migue, Luis, Martita y así todos. Y a Paqui, bueno, a Paqui, ni siquiera Francisca, simplemente Paqui.

Y por si todo eso fuera poco tuve el placer de estar en la casa  familiar de muchos  compartiendo un plato.

Hace  muchos años, cuando nos despedíamos de la primera visita grupal a Granada, una compañera, dijo:  gracias por regalarnos juventud. Creo que no entendí cabalmente la frase de Virginia en ese momento pero algo resonó y por eso todavía la recuerdo.

Y además creo que tenía razón, la permanencia de la UIM está en su espíritu de juventud. Que otra cosa es la juventud sino experimentar, inventar nuevos lugares, emprender nuevos proyectos, abrir nuevos caminos. Todo eso, ha hecho y hace, con éxito, la casa que nos convoca.

Tal vez sea ese espíritu de juventud renovada el que nos convoca y nos une y por eso estamos hoy aquí, presentes, en una hora del mundo en que las salutaciones y agradecimientos generalmente se reducen a un correo electrónico.

Como les decía al principio, estas reflexiones surgieron a partir de la invitación que me trasmitiera Lili, y, porque no decirlo, porque me cuento ya  entre los que  han entrado en la edad de reflexionar más.

El caso es que repensando las cosas buenas, malas y a veces, requetemalas, que hemos pasado juntos, no obstante, ha estado siempre presente la libertad de hacer, la confianza en el poder de decisión del otro y el espacio necesario para el propósito. Eso me parece absolutamente destacable como rasgo institucional.

Para terminar quiero compartir con ustedes un par de bellas frases  que robé de dos canciones de rock nacional argentino, supongo que como una forma de  adhesión a ese espíritu de juventud que la casa tiene y contagia. Las  canciones son  de Fito Paez y yo, además de robarlas, las mezclé. Son de dos canciones y dicen así

En tiempos donde nadie escucha a nadie

En tiempos donde todos contra todos

En tiempos egoístas y mezquinos

Quien dijo que todo está perdido?

Yo vengo a ofrecer mi corazón

Como un documento inalterable

Yo vengo a ofrecer mi corazón